Me llamaste al ver mis dos llamadas perdidas. Mi amigo David dice que tengo idealizada tu vida con él ahora, que quizá no sea tan perfecta. Te corté el teléfono y te llamé yo para que no te costara una llamada internacional. En ocasiones, todo es un juego de percepciones y la realidad es muy distinta a la apreciación de la misma. Tenía preparado el discurso, había tenido dos días para estructurar todo lo que te tenía que contar. David dice que el ser un poco malo puede aliviar y ahora estoy seguro de que es así. Él también está en un momento de cambio, quiere a su novia pero la convivencia no es buena. Supongo que tiene solución. Simplemente, sin parar de hablar, te comenté lo que yo sentía por ti, que siempre te había querido, que cuando me comentaste que te querías casar conmigo y yo te respondí que "para mí lo importante son los sentimientos", no te estaba diciendo que no, sino te estaba preguntando si tú me querías y que, en caso afirmativo, todo se podría arreglar. No estuve brillante con la contestación. David quiere cambiar de vida, es como yo, siempre viviendo en el futuro. Terminé con un no-te-preocupes-por-mí.
A los días me entero que te emocionaste. No sé si será verdad. Ya no me fío. En cualquier caso, yo sí me sentí muy aliviado. ¿Te lo dije por egoísmo? ¿Para hacerte volver? No, fue sólo necesidad.