Releo algunos posts antiguos, el de enero, ya superándolo. Ahora me río: me queda mucho trecho todavía.
En el avión de vuelta después de nuestro encuentro, tuve un ataque de ansiedad. No estoy habituado y no sabía cómo actuar, y menos en un avión. Decidí respirar hondo. Sin embargo, me alivió el pensamiento de hablar "de verdad" contigo. En cuanto llegué a Londres, te llamé, pese a que era tarde para ti. No me lo cogiste. Te he vuelto a llamar hoy. Teléfono apagado. Quizá no debiera importunarte, pero sí quería decirte algunas cosas que seguramente no quedaron claras. No creo que deba intentar llamarte de nuevo.
Gracias al contador de visitas, me he dado cuenta de que nadie lee este blog. Me relaja mucho saberlo. Escribo para ti solamente, sin que nunca lo leas.