Aparentemente tengo una alta autoestima. Esto no es cierto. Quizá por mi educación, porque mi padre nos abandonara, porque era un niño más avanzado y no participaba de muchas actividades de mis compañeros de clase..., siempre he sentido que necesitaba el cariño de los demás. Supongo que le pasa a todo el mundo. Saber que era importante para ti, me llenaba de satisfacción. La verdad es que no dudé de tu amor durante la mayor parte de nuestra relación. Pero quizá, cuando forzaste la ruptura, me sentí engañado. Tú habías cambiado. Me reclamabas más y más y más. Incluso yo estaba dispuesto a dártelo, pero no me dejaste respirar. Me manipulabas y yo me dejaba manipular. Me dabas algo que yo necesitaba y no sabía.
Para mí el amor no se va. Cuando quiero, quiero. Creo que no es normal. Para la gente, tú también, el amor va y viene. La ruptura me dolió por dos motivos: porque era muy feliz contigo y porque me golpeaste en la autoestima. No era lo sufientemente bueno para ti, aunque lo di casi todo.
Me sigue haciendo daño, pero reconozco que en el pecado llevas la penitencia. Te cansaras del nuevo y seguirás buscando a otro y así hasta que la falta de energía y belleza te haga asumir una solución de compromiso. Espero equivocarme, pero te conozco bien, ahora después de la ruptura, mejor. Ya no te tengo en un altar. Me da miedo que la suerte se te vuelva de espalda en algún momento, busques unas ayudas que ya no estén dispuestas y te cueste superarlo. Así es la vida.