Cada vez que vuelvo a Madrid, me acuerdo de ti y cada día por unas gilipolleces mayores (como recibir la carta donde me devuelves el forfait de Sierra Nevada). Ya sé que estás viviendo con otro. Me alegro por ti. No siento celos, nunca los he sentido, sin embargo se me llevan los demonios por ser tan obtuso.
Una chica que acabo de conocer en un bar me ha dicho que los hombres también sentimos. ¿De verdad? ¿Por qué escribo esto? ¿Quizá no sienta nada por ti? No la he dejado subir a casa. Intento en este año hacer lo correcto (aunque no lo consiga) y sólo estar con quien me enamore.
Ya sé que teóricamente todo el mundo busca sexo. Yo no. Afortunadamente tengo todo lo que quiero. Yo quiero amor, pero no lo consigo. No lo soporto más. Me estoy empezando a preocupar. Lo del tiempo está bien, pero ya ha pasado un lapso razonable y no paro de pensar en ti. Quizá no tenga problemas (mentira) y te busco de excusa, pero no lo creo. Nadie lo sabe, pero me paso medio día acordándome de ti.
Lo único que te agradezco es que tuvieras la honestidad suficiente para reconocer que no me querías. Yo en cambio estaba loco por tus huesos. Si no me hubieras reconocido implícitamente esto, estaría ahora loco, pensando en que lo hice todo mal.
Espero que él te pueda hacer muy feliz.