Creo que se puede, pero no tengo los cojones para hacerlo. Miro los planes de septiembre y se me cae el alma a los pies. Tendría que poder irme 15 días a Roma a verla, se lo he prometido, y luego a Londres por trabajo y correr el Run to the Beat. Y en vez de 15 días, va a ser una semana como mucho. Me apetece encontrarme con ella. La encuentro dulce, no presiona, es suave y cariñosa, pero yo sé que no es lo que quiero. Lo de siempre: sacarina.
De nuevo no estoy durmiendo (de hecho ahora son las 6 de la mañana y me acosté a las 2). Creo que es por el stress del trabajo, pero no estoy seguro. No encuentro demasiada salida. No hago más que dejar gente increíble por el camino y no sé cómo cambiarme a mí mismo el cerebro. Este tema me obsesiona últimamente: la automanipulación cerebral, conseguir que te guste lo que no te gusta, conseguir cambiar tu forma de pensar y sentir para vivir mejor. Intuyo que se puede mejorar mucho por ahí, aunque no sé bien cómo.
Debiera cogerme un año sabático, pero qué iba a hacer con él. Me dice un amigo que nos vayamos a la aventura a Uruguay, Labuán, Mozambique... Seguramente sería una buena idea, pero tengo miedo de agobiarme. Por mí, me iba a Londres unos meses. En crisis no te muevas y apesto a intranquilo.