No quería saber nada de ti (me encanta referirme a otro tú, definitivamente curado) y te escribí un e-mail de despedida, ordenado y sincero. Para mi sorpresa, me respondiste con celeridad y susto. Siempre he dicho que la realidad y la percepción de la misma son dos cosas muy diferentes, pero en este caso no me lo esperaba tan distinto. Tú habías tenido una noche perfecta pero para mi sorpresa REALMENTE te podían echar la bronca en casa si no volvías: cosas de la edad. Querías seguir conmigo.
Hablamos y decidimos seguir una "especie de noviazgo". Para mí es raro. Mis parejas se han mudado a casa casi de forma instantánea. En cualquier caso, está ocurriendo lo que se preveía: no haces más que pensar en venirte conmigo. Quizá ahora yo quiera demorarlo. Estoy cómodo.
El domingo pasado conociste a mi hermano. Luego le llamé y me habló muy bien de ti. Ya veremos cómo continúa todo.